relacionarse con adolescentes
La ruta de tu vida

Madres y padres podemos ayudar a que nuestros adolescentes se sientan más seguros y serenos

Agosto 29, 2022 7 min 2 veces compartido

Septiembre es un buen momento para reconciliarnos con muchas cosas. Podemos incluso reconciliarnos con nuestros adolescentes, esperar cosas bonitas, cambiar el vínculo. Podemos poner de nuestra parte. Empiezan las clases, las rutinas, el cambio de ritmo… Septiembre puede ser un estresor más, pero los estresores son como la vida, ya que también dependen de cómo los miramos, interpretamos y lo que esperamos de ellos. 

Muchos padres suelen quejarse de la transformación que sufren sus hijos al llegar la etapa de la adolescencia. Se encierran en sí mismos, dejan de comunicarse o lo hacen con monosílabos, se funden con el teléfono móvil como si móvil y adolescente solo fueran uno, están más nerviosos, inseguros, irascibles, convierten a sus amigos en su punto de referencia y padres y madres pasan a un segundo, tercero o enésimo plano. 

A los padres suele costarles reconocer a sus hijos en esta transformación. Muchos dicen haber acostado por la noche al niño y haberse despertado al día siguiente el ogro. Lo cierto es que la adolescencia ya parte con prejuicios, porque casi nadie espera nada bueno de ella. Incluso tus padres, amigos o familiares te preavisan, como si llegara la gran desgracia. Y así es complicado que uno espere algo bueno de estos años.

Para los padres, la adolescencia es un cambio enorme. Pero mucho más lo es para quien la vive desde dentro. Durante la adolescencia se viven decisiones importantes, aparece la necesidad de pertenencia, los cambios físicos y psicológicos, la necesidad de aceptación, ansiedad, inseguridad, miedos, hormonas, curiosidad y exploración sexual. Y a estos cambios personales añádele la presión en casa con comentarios del tipo “no eres el mismo, ahora no hay quien te entienda, desde que has entrado en la adolescencia estás inaguantable, eres un egoísta, solo miras por ti, con lo cariñoso que eras hace nada, parece que te sobren tus padres, solo quieres estar con tus amigos, etc.”. 

Los hijos se sienten incomprendidos, rechazados, controlados. Tratan de demostrarnos que están iniciando su etapa adulta, pero se encuentran con la desconfianza, la falta de empatía y apoyo de sus padres. A pesar de que te cueste entenderlo porque tengas la impresión de que tu hijo ahora se muestra autosuficiente y no te necesita, la realidad es que te necesita más que nunca. Se siente perdido, indefenso, con dudas, con miedos. Miedos que no se atreverá a compartir contigo o pedirte opinión por miedo al rechazo o que le juzgues. 

Una investigación sobre el vínculo entre madres o figuras de apego y adolescentes arrojó datos muy interesantes, datos de sentido común, sobre cómo afecta este vínculo a nuestros hijos. El estudio, realizado por Xiaomei Li de la Universidad de Illinois, concluye que la manera de relacionarse la madre o la figura de apego con el adolescente puede fortalecer las relaciones sociales que el adolescente mantiene con sus iguales. Una interacción cercana, emocional, empática y comprensiva por parte de la figura de apego favorece el desarrollo de relaciones asertivas de los adolescentes con sus iguales. 

Porque, ¿a quién acude tu hijo cuando tiene problemas con sus amigos? Si le abres tu corazón, tu comprensión, si escuchas con atención, sin juzgar, sin dar consejos no pedidos, acudirá a ti. Querrá desahogarse y sentirse apoyado por ti. Pero si por el contrario se encuentra con una madre que juzga, que lo compara, que le regaña por tomar malas decisiones, no podrá apoyarse en ella, porque en lugar de confianza encontrará críticas, juicios de valor y más presión. 

Este estudio afirma que no solo importa lo que les decimos, sino la manera en que lo transmitimos. Las formas son importantes, porque las palabras, el volumen, la comunicación no verbal que acompañan el mensaje son importantísimos. Puedes leer el estudio en https://journals.sagepub.com/doi/abs/10.1177/02724316221096079.

Consejos para relacionarte con amabilidad, respeto y comprensión con tus hijos adolescentes

Te propongo los siguientes consejos para relacionarte con amabilidad, respeto y comprensión con tus hijos adolescentes. Solo se trata de hablar…

Desde el amor, el respeto y el cariño

La amabilidad nunca falla. Permite que tu hijo se sienta acogido, aunque no compartas sus puntos de vista o sus opiniones. Pensar distinto no tiene que llevarnos como padres a enojarnos con ellos. 

Sin juzgarle

Si tu adolescente se siente juzgado cuando te confía algo que le preocupa, como un problema con un amigo, no volverá a confiar en ti. Es muy complicado compartir confidencias y tener complicidad con quien actúa de juez. 

Deja que se exprese

A los adolescentes, como a los adultos, a veces les cuesta exponer lo que les genera ansiedad o miedo. Cuesta expresar lo que sentimos. Permite que se tome su tiempo, que se enrede. No le metas prisa, no le pidas que concrete, no le digas que vaya al grano. Deja que se sienta tranquilo, que él solo ordene sus ideas. Si no tienes tiempo para escucharle, díselo y emplaza la conversación para otro momento. Pero ahora que ha decidido contarte algo, no le atosigues. 

Pregúntale por lo que le interesa

Si quieres favorecer conversaciones profundas, temáticas, en lugar de hablar con monosílabos, trata de sacar temas que interesen a tus hijos. Pregúntales qué les gusta, qué series ven, qué música escuchan, qué hacen cuando salen, cómo están sus amigos… Genera lazos de confianza y complicidad como lo harías con tus amigos. 

No hables mal nunca de sus amigos

Si juzgas a sus amigos, lo estás juzgando a él. Los amigos de tus hijos son sagrados para ellos. No los critiques, compares, juzgues, porque eso supone una barrera para comunicarte con tus hijos. Tus hijos se identifican al cien por cien con sus amigos, así que si criticas a los amigos de tus hijos, también estás criticando a tus hijos.

No compares, no humilles, no etiquetes

Tus hijos son únicos, tienen sus propias ideas y tomarán decisiones que puede que no te gusten. La estrategia de hacerles sentir mal cuando te contradicen o se manifiestan de forma contraria los aleja de ti, no los hace recapacitar en la dirección que a ti te gustaría. El respeto a tus hijos pasa por la plena aceptación de quiénes son, de cómo piensan y de las decisiones que toman. 

Olvida las expresiones asesinas

“Contigo no se puede hablar”, “desde que entraste en la adolescencia, estás insoportable”, “seguro que con tus amigos eres encantador, dejas toda tu mala uva en casa”. En cambio, si te contesta mal, pregúntale por favor por qué está ofendido, si está enfadado contigo, si puedes ayudarle en algo. Y cuando te aclare este punto, pídele con educación que te trate con amabilidad y respeto. 

Pregunta en qué medida necesita consejos, apoyo o desahogo 

Si acude a ti con un problema, antes de entrar como un elefante en una cacharrería y darle una conferencia con toda una retahíla de consejos, pregúntale qué necesita. Puede que solo necesite de ti tiempo y escucha. 

Deja lo que estés haciendo o, si no es posible, emplaza la conversación para más adelante

Convierte hablar con tus hijos en un momento de atención plena, para estar presente, no para estar pensando en qué harás después de cenar. Si es posible, deja lo que estés haciendo y dedícale tu tiempo, tu sonrisa y tu bondad. Si por el motivo que sea es imposible atenderle en ese momento, dile de forma educada que estás ocupada con un tema urgente y que te gustaría aplazar la conversación para dentro de un ratito. 

Recuerda, nuestros hijos son la huella que les dejamos.

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