volver a la oficina
La ruta de tu vida

Lo mejor de volver

Febrero 10, 2022 6 min 1 veces compartido

Entre una ola y otra, estamos perdiendo la costumbre de conocer cuáles son nuestros verdaderos hábitos. Los hábitos y las rutinas nos dan seguridad, y también nos desbaratan la vida cuando desaparecen. Y ahora toca desbaratarse para armarse de nuevo. Cambio de entorno laboral, cambio de horarios, cambio de decoración, cambio de costumbres, y toca dejar atrás la soledad del hogar para encontrarnos con la familia del trabajo. 

Estos once consejos pueden ayudar a afrontar este nuevo cambio:

Organiza tu vuelta antes de tu vuelta. Siéntate estos días contigo mismo y crea un nuevo horario, rutinas nuevas, decide cuándo vas a dedicar tiempo a tus aficiones, al autocuidado, cómo vas a organizar tu casa, cómo vas a conciliar. Trata de facilitarte la vida en la medida que puedas. 

Disfruta de la presencia de tus compañeros. Vuelves a socializar físicamente. Muchos de nuestros compañeros terminan convirtiéndose en amigos. El contacto, ver las miradas de los compañeros, un café compartido, pueden ser el gran momento de la vuelta. Interésate por la gente, por su familia, por cómo están viviendo el momento. Ofrécete, pero también pide ayuda. Sonríe, sé un compañero de bien. 

Una ganancia de volver es recuperar la flexibilidad. Estar solo teletrabajando te aleja de la empatía y la flexibilidad, porque la soledad nos aísla, nos deshumaniza y, estando en casa, no tenemos necesidad de desarrollar el arte de ceder, empatizar, ser flexibles. Estos valores le harán bien a tu humanidad. 

Aprende también a poner límites y decir no antes de caer en los mismos errores que antes. El teletrabajo te ha alejado de las personas que no te eran gratas y de estresores como tener que complacer a todos, ser muy servicial, no saber poner límites. Antes de incorporarte a la oficina haz tu lista de estresores, de límites y de valores. Y trata de ser claro y honesto desde el principio. 

Dale valor a la desconexión fuera de tu espacio de trabajo. Aprovecha que vuelves a estar fuera de casa para que tu horario de trabajo coincida con tu presencia física en la oficina. Salvo en ocasiones en las que de verdad tengas algo urgente y sea necesario, trata de no llevarte trabajo a casa. Necesitas desconexión para que tus funciones cognitivas puedan funcionar mejor. 

Si vas a la oficina en transporte público, aprovecha para cambiar hábitos nocivos, como ir todo el rato mirando el móvil, por otros que te aporten más, como escuchar un podcast, leer un libro… Y si además pudieras ir cambiando, todavía mejor. 

Ahora puede que percibas muchos distractores, ruidos, la gente de alrededor, el espacio abierto… Es el momento de poner en práctica ejercicios de mindfulness, es decir, atención plena a tu momento presente. No trates de hacer varias cosas a la vez, no funciona. Estate atento a tu presente, a una sola actividad. La regla de la eficacia es atender una cosa detrás de otra, no dos cosas a la vez.

Sé prudente con las medidas de seguridad. Volver al centro de trabajo no significa que se haya acabado la pandemia. No te relajes con la distancia, el lavado de manos ni la mascarilla. Con las ganas que tenemos de vernos, tocarnos y tomar un café juntos, puede que la ilusión, la alegría y el optimismo hagan que nos relajemos frente a la importancia de seguir protegiéndonos y proteger a los demás. 

Establece nuevas rutinas en las que recojas el autocuidado como una de ellas. Te darán seguridad. Rutinas con los horarios de trabajo, hábitos saludables como el ejercicio, si llevas comida tener tiempo para el batch cooking, tu descanso, tu ocio. Teletrabajando, estas rutinas habían cambiado. Antes de iniciar el trabajo presencial, hazte nuevos horarios en los que encajen tus responsabilidades, pero también tu tiempo de autocuidado y de ocio. 

La rareza que sientes es una emoción, acéptala sin más. Nostalgia, ansiedad, un poco de miedo, pereza, apatía… Es normal que, al hacer un cambio en nuestra vida, surjan emociones fuera de nuestra actual zona de confort. Algunas pueden hacernos sentir genial, como la ilusión, la motivación, la alegría de volver. Pero otras pueden ser incómodas, sobre todo al principio. Si te sientes raro, no tienes que hacer nada. No luches contra esa emoción, no pienses que eres el único al que le ocurre, no trates de hacerte el valiente ni de ningunearla. Lo mejor que puedes hacer con tus emociones es aceptarlas, dejarlas estar, entender que forman parte de tu nueva adaptación y que lo normal es que se vayan difuminando a medida que trabajar en la oficina se convierta en tu nueva rutina. 

Cuida la manera en cómo te hablas. Tus pensamientos son poderosos. Lo que puedas estar interpretando o diciéndote en estos momentos es clave a la hora de afrontar la vuelta a la oficina. Pensamientos del tipo “uf, qué rollo, volver a cambiar todo otra vez”, “ahora que ya me había acomodado al teletrabajo, otro cambio más; estoy harto”. Pensar así es normal, pero no te ayuda. Bueno, ayuda a enfocarte en la parte negativa de la vuelta. No trates de positivizarlo todo en plan optimismo naíf, pero sí procura enfocarte en la parte atractiva de la vuelta o en las ventajas de volver. 

Céntrate en lo que aporta valor del hecho de estar en la oficina. Estar delante del ordenador aporta el mismo valor que teletrabajar, pero ¿qué ganas estando ahí? ¿Las reuniones son más eficaces? ¿Te tomas descansos para compartir con tus compañeros que no te tomabas en casa? ¿La desconexión al salir del espacio de trabajo? ¿Pasear desde casa hasta la oficina? ¿Ir al gimnasio de al lado de la oficina durante el horario de la comida?

Después de superar tantos aislamientos, olas y síndromes que desconocíamos, como el de la cabaña y la fatiga pandémica, ¿no vamos a poder con este nuevo paso? Muchos ánimos y disfruta del cambio. 

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