Mujer responsable, libre y con respeto hacia sí misma y los demás
La ruta de tu vida

Al fin y al cabo, lo que importa es conservar la dignidad

Junio 12, 2019 5 min 137 veces compartido

Lo último que una persona puede perder es la dignidad. Y, por supuesto, lo último con lo que podemos jugar es con la dignidad de otros. Esto nos define como personas. La dignidad es, según la RAE, la “cualidad propia de la condición humana de la que emanan los derechos fundamentales, junto al libre desarrollo de la personalidad, que precisamente por ese fundamento son inviolables e inalienables”. Todos y todas nacemos con dignidad. Es un concepto que no se compra, no se gana y no se concede. En ocasiones somos responsables de perderla; en otras, nos la pueden arrebatar personas o factores externos. 

Situaciones en las que puedes perder la dignidad

Cuando no vives tu vida según tus valores

Hay valores universales, y hay otros que acabamos eligiendo y priorizando en la vida. Tal vez deberíamos dedicar un poco de tiempo, igual que lo dedicamos a estudiar, leer o hacer deporte, a conocer qué reglas y valores rigen o nos gustaría que rigieran nuestra vida. Tener claros y presentes en todo momento tus valores te ayuda a actuar y a vivir tu vida de forma coherente. Si tienes dudas, siempre será más acertado ser prudente. 

Puede que nunca te hayas planteado cuáles son tus valores, los principios por los que piensas como piensas, actúas, tomas decisiones o ayudas a otras personas. Es buena idea plasmarlos en una lista y comenzar a focalizarte en ellos. Elige un valor por semana o por mes y anota cada noche todo aquello que has hecho a lo largo del día en relación con ese valor. Cuando te focalizas en tus valores, te das cuenta de todas las veces en que no actúas de manera coherente. Esto te hará ser más consciente de las personas de tu alrededor y de ti mismo. Y nos ayudará a abandonar malos hábitos, groserías, mala educación y a ser más generosos, amables y compasivos con el resto del mundo. 

Cuando no escuchas a tu conciencia

La conciencia, o la intuición, es una herramienta muy potente con la que contamos y que a veces puede pasar desapercibida. La mala conciencia, el sentimiento de desaprobación con uno mismo, la culpa o el remordimiento suelen aparecer cuando actuamos en contra de esos valores o cuando no somos coherentes con nuestros objetivos. Tenemos mala conciencia en situaciones cotidianas, como cuando no comemos sano, cuando dejamos tareas sin hacer para el día siguiente, cuando no somos eficientes en el trabajo…

La conciencia puede darnos señales: “Te estás equivocando, ¿estás seguro?”, “¿Esto será bueno para ti?”, “¿No te arrepentirás luego?”. Sabemos que ofender o criticar a otros, o incluso obviar la ayuda, está mal, pero lo hacemos. Si después no tuviéramos mala conciencia, repetiríamos este mismo comportamiento, lo normalizaríamos, y nos convertiríamos en personas cada vez menos humanas. 

Así que la conciencia nos ayuda dándonos toques de atención para reforzar nuestra humanidad y, por tanto, nuestra dignidad. Nos pide que reflexionemos, que valoremos las consecuencias de nuestras decisiones. De este modo, gracias a ello, podemos respetarnos a nosotros mismos y a los demás.

Cuando no se respetan los derechos humanos 

Los derechos humanos son universales, no entienden de color, religión, ideales políticos ni orientación sexual. Todas las personas tenemos derecho a ser tratadas con respeto, así como a acceder a unos mínimos que nos permitan vivir con dignidad. Trabajo, vivienda, alimentos e higiene, unos derechos que lamentablemente no son respetados por igual en todo el mundo. 

Los derechos humanos universales nos dan dignidad, pero también nos la da velar por los derechos y la dignidad de las personas que tenemos a nuestro alrededor. No es una opción, es una obligación ética y moral. Si tienes la suerte de haber nacido en un lugar privilegiado o en una familia privilegiada, no te pongas la venda en los ojos. No pienses que la vida conlleva estos desequilibrios y que a ti te ha tocado el lado bueno del mundo. Puede que tu situación te permita ayudar a otras personas.

Poner límites es poner dignidad

Poner límites a ciertas personas o situaciones significa elegir el tipo de relaciones que queremos establecer con nuestro entorno, empezando por tu jefe, pasando por los compañeros de trabajo y terminando por el grupo más significativo, los amigos y la familia. Pierdes la dignidad cuando permites que te hablen sin respeto, que te comparen, te humillen, o cuando consientes que se lo hagan a otra persona.

No permitas que se pierda el respeto, con otros ni contigo. Para, aprende a decir no, no cedas cuando no estás de acuerdo. Siempre estás a tiempo de elegir tu respuesta, tu reacción, tu modo de vivir ese momento. 

Quien te pida lo que no puedas o quieras dar, quien trate de manipularte para que accedas a lo que no te apetece, quien te exija sacrificios injustos y poco dignos en nombre del amor, no siente amor por ti. Ni como familiar, ni como amigo, ni como pareja. Perder la dignidad tiene un coste emocional enorme. Vale la pena pagar el precio para poder vivir dignamente.

Recapitulando

La dignidad nos pertenece como seres humanos, y a lo largo de nuestra vida nos enfrentaremos a situaciones en las que podemos perderla o en las que la pierdan otros. Es nuestro deber hacer que se respete. 

Vive en coherencia con tus valores, escucha tu conciencia, respeta y haz respetar, pon límites y aprende a decir que no. Solo así podrás conservar la dignidad y vivirás una vida responsable.

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