Mujer con dos máscaras que representan diferentes emociones humanas
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La tecnología de las emociones

julio 17, 2020 5 min 20 veces compartido

Dicen que la cara es el espejo del alma y, si una imagen vale más que mil palabras, ¿os imagináis hasta qué punto podríamos conocer, a partir de las expresiones faciales, las emociones de una persona?

Todos nosotros somos capaces de reconocer, interpretar y procesar las emociones humanas, porque respondemos a la definición de seres emocionales y empáticos –en mayor o menor medida–. Nuestra naturaleza nos ha dotado de dos elementos importantes: raciocinio e inteligencia emocional. Pero si estas son las principales características de nuestra especie, ¿es posible que la tecnología pueda replicarlas?

La computación afectiva: El futuro de las emociones y la tecnología

La computación afectiva es un ámbito de estudio que conecta tecnología, psicología, estudios conductuales y ciencia cognitiva con el objetivo de mejorar el bienestar de las personas.

Este ámbito de la ciencia “tecno-social” pretende utilizar dispositivos, tales como ordenadores, cámaras, teléfonos móviles, escáneres, etc., para medir emociones.

Los últimos avances en computación afectiva permiten interpretar con bastante precisión la comunicación gestual y expresiva de las personas a partir de patrones en las muecas, gestos y expresiones que realizamos habitualmente de manera inconsciente.

El principal problema radica en la singularidad de cada persona. De la misma manera que cada uno de nosotros tiene una voz única, gracias a la textura, el timbre, el tono y la manera en la que cada uno articula las cuerdas vocales, las expresiones faciales son sustancialmente distintas entre un individuo y otro.

Por este motivo, para poder hacer evolucionar la computación afectiva, es indispensable combinar el mayor número de datos posibles con el objetivo de obtener diagnósticos cada vez más precisos de cada uno de los patrones que se hayan podido establecer.

Ejemplificación de las distintas emociones que siente un ser humano

La tecnología no tiene ningún significado si no tiene aplicación en la forma de vida de las personas

Paul Ekman, el lector de rostros más famoso del mundo, fue un pionero en el estudio de las expresiones faciales en el transcurso de los años 70, creando un catálogo de más de 5.000 movimientos musculares para demostrar que el gesto más sutil, arruga o movimiento, podía revelar emociones encubiertas.

Los Ekman contemporáneos se han reinventado en start-ups que, mediante la tecnología del siglo xxi, están desarrollando nuevos algoritmos para analizar las caras de las personas, y las emociones y sensaciones que trascienden con cada uno de sus gestos, para tratar de descubrir sus sentimientos más profundos.

Emotient, Affectiva y Eyeris desarrollan tecnología que se apoya en algoritmos para analizar las caras de la gente y descubrir sus sentimientos más profundos.

En conjunto, están creando una gigantesca base de datos visual de emociones humanas, en busca de patrones que les permitan predecir reacciones emocionales y comportamientos a estímulos, a escala masiva. Hasta el momento, la tecnología desarrollada en este ámbito ha sido utilizada, principalmente, para la investigación de mercado y su aplicación al ámbito de la experiencia de cliente.

¿Qué beneficios tiene la detección de emociones?

Como bien sabemos, algunas emociones son más fáciles de interpretar que otras. Los algoritmos que se han desarrollado hasta el momento son capaces de identificar emociones humanas básicas como la alegría, la tristeza y la ira. Pero también están mejorando la identificación e interpretación de emociones más complejas como la fatiga, la atención, el interés, la confusión y la distracción, o incluso el orgullo y la inspiración.

¿Qué sucedería si los altavoces, los vehículos, televisores o neveras y los teléfonos móviles fueran conscientes de nuestras emociones? Nuestros automóviles podrían darse cuenta de que necesitamos descansar y nos ofrecerían la posibilidad de una conducción autónoma, pasando a controlar directamente el volante. Nuestra nevera podría hacernos recomendaciones sobre una dieta más saludable, dependiendo de los alimentos que estuviésemos comprando y almacenando dentro. Incluso el espejo del baño podría ser capaz de conocer nuestro nivel de estrés y ajustar la iluminación y el ambiente de la estancia para calmar nuestro ánimo.

Las tecnologías conscientes de las emociones podrán ofrecernos –aunque algunas ya lo están haciendo– recomendaciones personalizadas.

La gestión de la privacidad, el gran riesgo de esta tecnología

Todo gran avance está sujeto a polémica, y será determinante el uso que hagamos de esta nueva tecnología. El principal peligro es el riesgo de revelar emociones de las personas sin su consentimiento. Por si no teníamos suficiente con la lucha por los derechos de imagen, ahora aparece un nuevo mercado de compraventa: el de las emociones. Además, con el peligro añadido de que la revelación de una emoción se interprete erróneamente.

Las personas podrían intentar usar el software para determinar si su pareja está mintiendo, la policía podría leer emociones de multitud de personas o las empresas podrían usarla para monitorear secretamente a sus trabajadores.

Sin embargo, cabe recordar que no se trata de una ciencia exacta, por lo que, igual que nosotros no podemos estar seguros de las emociones que interpretamos en los demás, esta tecnología –de momento– también puede cometer errores.

En cualquier caso, cuando la computación afectiva consiga incorporar la empatía a la ecuación, ¿qué nos diferenciará a los humanos de los boots? ¿Seremos capaces de distinguir quién es nuestro interlocutor?

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