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Iñigo de Barrón
Todos los aficionados a las loterías o los juegos de azar sueñan con conseguir los grandes premios. Sin embargo, los medios de comunicación reflejan, con cierta frecuencia, que los agraciados con premios importantes olvidan crear un plan financiero personal y acaban perdiéndolo todo; incluso algunos terminan con deudas por inversiones que acabaron en una ruina. Es un buen ejemplo que demuestra que, incluso cuando llega mucho dinero, sin un plan de vida financiero todo se escapa por los mismos agujeros de siempre: el desconocimiento y la falta de planificación.
Por ello, aunque no se gane un premio de lotería, siempre es necesario contar con un plan financiero personal. Pese a este nombre un poco rimbombante, en la práctica puede ser una hoja de ruta que detalle cómo una persona debe administrar sus ingresos, gastos, ahorros e inversiones para alcanzar sus metas financieras y vivir con menos estrés. Se trata de un proceso que implica establecer objetivos -a corto, medio o largo plazo, sujeto a los cambios de la vida-, para crear un presupuesto, gestionar deudas, planificar la creación de un fondo para emergencias y tomar decisiones informadas para que nos conduzcan a un futuro económico estable. Lo más importante es crear el hábito de revisar las cuentas, reflexionar sobre los gastos e ingresos y decidir cuánto se puede ahorrar. Adquirir este hábito es la clave de todo porque nos dará información muy valiosa sobre nuestra situación.
¿Por qué es importante el plan financiero personal?
La respuesta más directa es porque se trata de la mejor manera para organizar las finanzas personales. Es una herramienta que proporciona información: ayuda a tener una visión clara de la situación financiera actual y a tomar el control sobre el dinero.
Lo más importante es crear el hábito de revisar las cuentas, reflexionar sobre los gastos e ingresos y decidir cuánto se puede ahorrar. Adquirir este hábito es la clave de todo porque nos dará información muy valiosa sobre nuestra situación.
En el fondo, previene decisiones equivocadas, que se pueden tomar por impulsos, muy frecuentes en la sociedad consumista en la que vivimos, donde nos rodea publicidad que promete la felicidad a través de un estilo de vida basado en compras materiales o viajes exóticos. Por eso, se dice que un plan financiero facilita y centra la toma de decisiones con más frialdad. Además, cuando se lleva con éxito, conduce a lograr los objetivos, es decir, es una herramienta práctica para convertir los deseos financieros en una realidad alcanzable. Es una manera de reducir el estrés porque nos proporciona tranquilidad al saber que se está en la línea para lograr un futuro financiero seguro.
Con el ajustado nivel salarial de España –sobre todo para los jóvenes- y la subida en los alquileres o los precios de compra de vivienda, así como en la cesta de alimentos, no es un objetivo fácil. Sin embargo, ser previsor compensa y puede ahorrar problemas futuros.
Cómo organizar tus finanzas personales
A continuación, repasamos los seis pasos para organizar de la mejor manera tus finanzas personales:
Analizar tu situación financiera actual
El primer paso siempre debe ser analizar tu situación actual. Para eso lo mejor es cuantificar los ingresos y gastos. Si es una nómina regular es más fácil, pero si se tienen diferentes empleos o se trabaja de manera temporal, la cuestión es más complicada. Es muy útil repasar la última declaración de la renta y ver cuáles fueron los ingresos totales. Sobre esta cantidad, se pueden sumar los aumentos del ejercicio actual o reducirlos si ya no se cuenta con alguno de los empleos del pasado.
También es importante la revisión de los gastos más habituales (algunas aplicaciones de los bancos permiten hacer estos cálculos con gran facilidad), así como las deudas pendientes y los ahorros que se disponen. Es muy práctico emplear hojas de cálculo y aplicaciones gratuitas que se pueden encontrar en internet.
Delimitar las metas financieras
El segundo paso es intentar delimitar las metas a corto, medio y largo plazo. Dividir temporalmente lo que se quiere conseguir, ayuda a controlar mejor si se está en la ruta adecuada desde el principio. Es decir, poner un objetivo para un año completo, por ejemplo, no servirá para detectar desviaciones durante muchos meses que hagan imposible lograr lo que estaba planificado.
Es útil marcar los objetivos de plan de vida financiero por trimestres o por periodos vacacionales: hasta Semana Santa, hasta el verano y hasta las Navidades para hacer balance. Si hay pagas extra en esas épocas, se deben tener en cuenta en el plan financiero.
Además del objetivo temporal, el plan financiero puede contar con un desglose de capítulos vinculados a los gastos de la casa, la educación, los viajes y a los ahorros para una pensión futura. Es una forma de detectar las desviaciones, si las hubiera. Una norma básica para el plan de vida financiero es que las metas sean específicas, medibles y alcanzables para evitar la frustración.
Crear un presupuesto práctico
El tercer paso es establecer objetivos concretos y crear un presupuesto práctico. Dependiendo del nivel de sofisticación que se quiera aplicar, se puede asignar porcentajes de ingreso a gastos esenciales, al ahorro y al ocio.
Es conveniente establecer metas simples y motivadoras, ilusionantes: planear vacaciones, cambiar de casa, electrodomésticos nuevos que hagan más fáciles la vida del hogar, contratar ayuda para la casa, así como pagar una deuda o ahorrar para un fondo de emergencia.
Siempre se debe mantener cierta flexibilidad porque todo plan es un punto de partida para evaluar si el presupuesto está equilibrado y evita desviaciones, pero el día a día obliga a corregir el rumbo por los imprevistos.
Diseñar las estrategias financieras para alcanzar los objetivos
El cuarto paso es diseñar las estrategias para alcanzar los objetivos. Es uno de los momentos más duros porque puede llevar a la conclusión de que se gasta más de lo debido y es necesario apretarse el cinturón.
¿Por dónde empezar? Es conveniente revisar pequeños gastos diarios que se pueden atajar con algunos cambios de costumbre que nos permitan ahorrar más. Por ejemplo:
- Sustituir menús de restaurante por comidas de casa. Si se come a diario de menú en el trabajo, podría ser interesante ver si se puede llevar el alimento de casa y calentarlo en el trabajo.
- Utilizar transporte público. El gasto del coche siempre es mayor que el del transporte urbano, aunque éste nos exija más tiempo y menos comodidad. También es cierto que es mucho más ecológico.
Si se tienen diferentes deudas, es aconsejable revisar los tipos de interés aplicados, porque puede interesar amortizarlas de golpe si son muy altos. Este caso es frecuente en las compras aplazadas con tarjeta o los créditos al consumo con intermediarios financieros. Siempre se debe revisar la TAE que se está pagando.
Elegir herramientas para un ahorro productivo
El quinto paso es elegir las herramientas para que el ahorro sea productivo. El objetivo es batir a la inflación, ahora situada alrededor del 3%. Es importante saber que cuanto más rentabilidad se puede lograr con un producto, se asume más riesgo, así que se puede buscar instrumentos de renta fija a plazo cerrado para evitar esos peligros.
Cuando se disponga de un dinero que no se usará en un periodo largo, y no es fundamental para la vida diaria, se puede invertir en Bolsa tras consultar con algún especialista.
Actualizar el plan financiero periódicamente
El sexto paso es revisar y actualizar el plan periódicamente. Como hemos señalado anteriormente, hay que evitar desviaciones que luego pueden no ser corregibles. También se pueden hacer cambios para adaptar el plan de vida financiero a nuevos ingresos, gastos imprevistos, mudanzas, hijos, etc. Se debe mantener la disciplina sin caer en la rigidez.
Ejemplo de plan financiero personal
Bajando a un caso concreto, como ejemplo de un plan financiero personal puede ser la conocida regla del 50/30/20; es una guía sencilla para organizar el presupuesto personal o familiar.
Esta norma propone dividir tus ingresos netos en tres grandes categorías:
- El 50% para las necesidades. Es decir, gastos imprescindibles para vivir: vivienda, alimentación básica, transporte, suministros, seguros, medicamentos, créditos o deudas.
- El 30% para deseos. Todo lo que mejora la calidad de vida pero no es estrictamente necesario: salir a comer, entretenimiento, viajes, ropa no esencial, suscripciones y hobbies. Este es el capítulo más socorrido para reducir gastos cuando llegan los imprevistos, aunque no conviene ser demasiado estricto para mantener los objetivos de ahorro con ilusión.
- El 20% restante para ahorro y objetivos financieros. Con las inversiones si nos interesan, la posibilidad de abrir un fondo de inversión, un depósito a plazo fijo para emergencias o imprevistos, amortización extra de deudas, así como metas a largo plazo como comprar vivienda o iniciar un fondo para la jubilación.
Un buen plan financiero nos permite anticiparnos, reducir estrés, aprovechar oportunidades y construir, con pequeñas acciones diarias, una base sólida para nuestros sueños
Recapitulando, la importancia de un plan de vida financiero
En definitiva, contar con un plan financiero personal no es solo una práctica recomendable, sino una verdadera inversión en tranquilidad y libertad.
Al comprender claramente nuestros objetivos, analizar nuestra situación actual y definir estrategias realistas, dejamos de reaccionar improvisadamente ante los imprevistos y comenzamos a tomar decisiones conscientes y orientadas al futuro. El ejemplo práctico muestra que, paso a paso, cualquier persona puede transformar sus finanzas: no se trata de grandes ingresos, sino de organización, constancia y visión.
Un buen plan financiero nos permite anticiparnos, reducir estrés, aprovechar oportunidades y construir, con pequeñas acciones diarias, una base sólida para nuestros sueños. Nunca es tarde para empezar. Hoy mismo podemos dar el primer paso hacia una vida financiera más ordenada y equilibrada. Con un plan claro y la determinación de seguirlo, el futuro deja de ser una incertidumbre y se convierte en un proyecto emocionante y posible.